“Toda nación en su etapa de transformación económica y social, necesita de la participación entusiasta y decidida de sus habitantes y gobernantes, en aquellas actividades que estén dirigidas al desarrollo y protección del talento humano, del ambiente y de sus bienes, además, del aprovechamiento racional de sus recursos. De la actitud que tome la colectividad, la cual es la fuerza vital del país, ante las diversas calamidades que se tengan que enfrentar, dependerá la supervivencia y bienestar de la Patria a la cual pertenece".


Al respecto, es necesario que las personas (como individuo y colectivamente) adquieran una serie de conocimientos y herramientas que le permitan prevenir, mitigar y actuar eficazmente y con prontitud ante eventos con efectos adversos que incidan en él, en su núcleo familiar o en su localidad. 

 Por otra parte, desde siempre el concepto de amenaza o peligro natural ha acompañado al hombre, sólo que en el pasado se percibía como ajeno; ya que estuvo asociado a los designios de la naturaleza y al desconocimiento del fenómeno. Con los avances de la ciencia y la introducción de nuevas tecnologías,  esta  situación progresivamente ha ido cambiando, permitiendo comprender que la naturaleza no es la responsable de estas amenazas o peligros. A medida que la sociedad ha crecido en magnitud y complejidad, se han creado nuevos tipos de peligros debido al desafío constante a la naturaleza con su intervención despiadada e inconsciente como consecuencia de los avances que el hombre ha alcanzado en materia tecnológica y que a su vez ha promovido que el impacto de un desastre aumente en forma progresiva.


En este sentido, las amenazas de cualquier naturaleza, llevan implícito un riesgo y pueden desencadenar en una serie de eventos adversos, si no ha existido una preparación previa para reducir la vulnerabilidad.  Los desastres o eventos adversos son, fundamentalmente, generados por factores humanos, sociales y económicos, ya que el hombre es quién contribuye a su impacto al no considerar la vulnerabilidad frente a las amenazas. Los riesgos aumentan debido a los asentamientos descontrolados del hombre, mal diseño de las construcciones, una rápida y desarticulada urbanización de áreas, insuficiente e inadecuada infraestructura, prácticas ambientales inapropiadas, entre otros. 


Al respecto, el gran impacto que producen o pueden producir los eventos adversos deben necesariamente conducir a un cambio radical en la mentalidad del ser humano, en el sentido de anticiparse a las amenazas o peligros en vez de reaccionar al producirse el evento adverso, es decir, propiciar una actitud proactiva y no reactiva; desarrollar un enfoque integrado y permanente de prevención y educación,  en contraposición  con el tratamiento parcial, fragmentado e incompleto de la atención de las consecuencias de los eventos adversos; establecer estrategias para el desarrollo de una cultura integral de prevención y mitigación del riesgo, con acciones coordinadas en todos los niveles educativos; lograr que la funcionabilidad de la sociedad sea un proceso continuo y permanente y no concentrarse solamente en la atención de las emergencias y en el salvamento de vidas.

 En este sentido, el énfasis de las políticas deben estar dirigidas a fomentar la integración de todos aquellos Entes Gubernamentales, Privados y Organizaciones no gubernamentales, dentro de un sistema orientado a la prevención, educación, protección, mitigación, atención y rehabilitación; con la finalidad de proteger a la sociedad en general, sus bienes materiales, los del municipio y el ambiente de la jurisdicción, para reducir la necesidad de atender las consecuencias de los eventos adversos o desastres.

 






 

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